En un hotel, el wifi dejó de ser una amenidad: es un servicio básico que el huésped evalúa como evalúa el agua caliente — solo se nota cuando falla, y cuando falla queda escrito en la reseña. Diseñar bien esa red tiene particularidades que una oficina no tiene.
La más importante: el huésped se mueve. Del lobby a la habitación, de la piscina al restaurante, con dos o tres dispositivos que esperan seguir conectados en el trayecto.
Lo que define la red de un hotel
- La cobertura por habitación depende más de los materiales — concreto, baños enchapados, espejos — que de la potencia del equipo: cada pared de baño entre el pasillo y la cama descuenta señal.
- La densidad se calcula por huéspedes y dispositivos simultáneos en temporada alta, no por metros cuadrados: un salón de eventos lleno es otro edificio, aunque sea el mismo salón.
- El roaming entre access points define la experiencia en movimiento: una videollamada que sobrevive el trayecto del lobby a la habitación es diseño, no suerte.
- Separar la red de huéspedes de la red operativa — recepción, llaves electrónicas, punto de venta, cámaras — protege ambas: ni el huésped alcanza los sistemas del hotel, ni un pico de tráfico de huéspedes degrada la operación.
- Un site survey previo, medido en el edificio real y pensado para la ocupación de temporada alta, evita tanto comprar de más como quedarse corto justo cuando el hotel está lleno.
Hay un criterio comercial detrás del criterio técnico: la red del hotel atiende a un cliente que paga por noche y decide en línea. La inversión correcta no es la más grande — es la que se dimensionó con datos del edificio y de la ocupación, y la que alguien local puede soportar cuando algo falle un sábado a las diez de la noche.